Las matemáticas bajo presión: cómo las olimpiadas matemáticas obligatorias afectan la ansiedad, la competencia percibida y el autoconcepto

Michel Mix · Medellín, Colombia ·

Resumen

Esta síntesis de literatura examina cómo la participación obligatoria en olimpiadas matemáticas organizadas externamente puede relacionarse con la ansiedad matemática, la competencia percibida y el autoconcepto académico en estudiantes de los últimos grados de primaria. La conclusión central es matizada: las olimpiadas matemáticas no son dañinas por definición y, bajo buenas condiciones, pueden retar, motivar y estimular un pensamiento matemático más profundo. El riesgo aparece sobre todo cuando la participación es obligatoria, los problemas están por encima del currículo trabajado, la actividad se organiza de manera fuertemente comparativa y los estudiantes leen el puntaje como un juicio sobre su capacidad matemática. En esa situación, la autonomía y la percepción de competencia pueden verse presionadas, de modo que la ansiedad matemática, la evitación y un autoconcepto matemático más frágil pueden reforzarse mutuamente. El apoyo parental orientado al proceso puede suavizar esa experiencia al desplazar el énfasis del puntaje hacia la estrategia, el intento y el pensamiento compartido. Al mismo tiempo, el apoyo parental no es una solución para un diseño problemático: el acompañamiento en casa varía entre familias y puede volver más difícil de interpretar el puntaje de la competencia.

Puntos clave

Posicionamiento

Este texto es una síntesis de literatura, no una investigación empírica sobre un colegio o una competición específica. La conclusión conecta hallazgos de investigaciones sobre competencia, motivación, ansiedad matemática, autoconcepto, apoyo parental y competiciones matemáticas como práctica educativa.

Pregunta de investigación

¿Cómo se relaciona la participación obligatoria en olimpiadas matemáticas organizadas externamente con la ansiedad matemática, la competencia percibida y el autoconcepto académico en estudiantes de los últimos grados de primaria, y qué papel cumple el apoyo parental orientado al proceso para amortiguar estos posibles efectos negativos?

Síntesis de literatura

Introducción

Las olimpiadas matemáticas tienen un carácter doble dentro de la educación. Por un lado, pueden retar a los estudiantes, visibilizar el talento y estimular el pensamiento de resolución de problemas. Por otro lado, también pueden funcionar como un entorno de evaluación fuertemente comparativo, en el que los estudiantes viven sobre todo la experiencia de quedarse cortos. Esa tensión está en el centro de esta síntesis de literatura. La pregunta no es si las olimpiadas matemáticas son buenas o malas en términos generales, sino bajo qué condiciones se vuelven pedagógicamente estimulantes o psicológicamente cargantes.

La pregunta de investigación se centra en una variante específica: la participación obligatoria en olimpiadas matemáticas organizadas externamente para estudiantes de los últimos grados de primaria. Esa es una distinción importante. Buena parte de la literatura sobre olimpiadas matemáticas entiende las competiciones como un enriquecimiento para estudiantes motivados, de alto desempeño o previamente seleccionados. En ese contexto, la participación suele ser voluntaria, existe preparación, y el reto encaja con estudiantes que precisamente buscan una mayor complejidad matemática. La situación práctica que se examina aquí es distinta: una población amplia de estudiantes debe participar en una competición externa, posiblemente con problemas que van más allá del currículo trabajado. Eso cambia el significado pedagógico de la misma actividad.

Una primera conclusión de la literatura es que existe poca investigación directa sobre exactamente esta situación: olimpiadas matemáticas externas y obligatorias para una población completa de estudiantes de primaria, incluidos aquellos que no están preparados para el contenido. Por eso, la respuesta a la pregunta de investigación debe construirse con cautela a partir de líneas de literatura afines: investigación sobre competencia en el aula, ansiedad matemática, autoconcepto académico, teoría de la autodeterminación, apoyo parental y competiciones matemáticas como práctica educativa. Esa combinación no ofrece una prueba causal contundente de que una olimpiada obligatoria sea siempre perjudicial. Sí deja claro, en cambio, qué mecanismos probablemente se activan cuando coinciden competencia, presión de tiempo, comparación social y tareas matemáticas difíciles.

El núcleo de la síntesis es el siguiente: la participación obligatoria en una olimpiada matemática externa aumenta sobre todo el riesgo de efectos negativos cuando la actividad se vive como una prueba de alta presión que debilita la autonomía y la competencia percibida. La ansiedad matemática, una menor sensación de competencia y un autoconcepto matemático más frágil pueden entonces reforzarse mutuamente. Al mismo tiempo, la literatura muestra que la competencia no es dañina por definición. Las tareas competitivas también pueden generar involucramiento, persistencia y disfrute, especialmente cuando el reto es alcanzable, la colaboración sigue siendo posible y el énfasis está en aprender más que en clasificar. El apoyo parental orientado al proceso puede amortiguar la experiencia negativa al reencuadrar la actividad como un rompecabezas que se piensa en conjunto, pero ese amortiguador es limitado. Los padres también pueden transmitir sin querer presión adicional, ayuda desigual o ansiedad matemática.

Las olimpiadas matemáticas no son una herramienta pedagógica uniforme

El primer paso de la síntesis es soltar la idea de que "la olimpiada matemática" es un único instrumento educativo fijo. Falk de Losada y Taylor (2022) describen las competiciones matemáticas como un paisaje amplio de prácticas: algunas competiciones son altamente selectivas y orientadas al rendimiento, mientras que otras se enfocan más en la participación, la resolución de problemas, la innovación educativa o la colaboración. Por eso, el mismo término puede remitir a experiencias de aprendizaje muy distintas. Una olimpiada voluntaria para estudiantes con alto interés matemático no es pedagógicamente equivalente a una prueba obligatoria para todo un curso.

Las fuentes de contexto en español y en Colombia muestran lo mismo. Cano Nieto (2015) estudia una prueba por equipos para olimpiadas matemáticas en primaria, en la que el carácter competitivo se vincula con la colaboración y con el diseño de las tareas. Trincado Royo (2020) aborda las olimpiadas sobre todo como un recurso para estudiantes con altas capacidades intelectuales. Puentes (2019) y Díaz-Pinzón (2020) ubican actividades tipo olimpiada en un contexto escolar colombiano, con énfasis en el fortalecimiento de competencias matemáticas. Estas fuentes son útiles porque muestran que las olimpiadas en educación no se conciben solo como instrumentos de selección, sino también como actividades didácticas o de enriquecimiento.

Al mismo tiempo, estas fuentes limitan su propia utilidad para la pregunta de investigación. Dicen sobre todo algo acerca de usos diseñados, guiados o intencionales de tareas de olimpiada. La pregunta de investigación aquí se refiere precisamente a la participación obligatoria en una competición externa para una población amplia. Esa diferencia importa en el contenido. Cuando la participación es voluntaria, quienes participan suelen ser sobre todo estudiantes que ya sienten interés, confianza o apoyo. Cuando la participación se vuelve obligatoria, esas condiciones de selección desaparecen. Estudiantes que no quieren la competición, que todavía no están listos para el contenido o que ya se sienten inseguros frente a las matemáticas quedan igualmente ubicados dentro de la misma estructura comparativa.

Por eso conviene analizar las competiciones matemáticas a partir de rasgos de diseño, y no a partir de la etiqueta "olimpiada". Cuatro rasgos son especialmente relevantes para esta pregunta: voluntariedad, nivel de dificultad, comparación social y apoyo. Una competición con participación voluntaria, problemas desafiantes pero alcanzables, preparación y retroalimentación orientada al proceso puede tener un efecto muy distinto de una prueba obligatoria, cronometrada, con problemas por encima del currículo y con jerarquías visibles. La literatura positiva sobre olimpiadas, por tanto, no puede usarse sin más como prueba de que la participación obligatoria es pedagógicamente adecuada. A la inversa, las críticas a la competencia tampoco prueban que toda experiencia competitiva sea dañina. La cuestión es qué ruta psicológica es más probable que active el diseño.

La competencia activa rutas motivacionales opuestas

La literatura sobre competencia deja claro por qué las conclusiones simples se quedan cortas. Murayama y Elliot (2012) muestran en su metaanálisis que la competencia no tiene un efecto principal único y uniforme sobre el rendimiento. Su explicación es que la competencia activa procesos opuestos. La competencia puede despertar metas de aproximación al rendimiento: los estudiantes quieren demostrar que pueden hacer algo, invierten más esfuerzo y orientan su atención hacia el éxito. Pero la competencia también puede activar metas de evitación: los estudiantes quieren sobre todo no quedar mal, no perder y no ser vistos como débiles. En esa segunda ruta, la competencia deja de ser un reto y se convierte más bien en una amenaza.

Li et al. (2022) conectan directamente con esto en un estudio con estudiantes de primaria. Encontraron que la competencia en el aula no se relaciona de manera simplemente positiva o negativa con el logro académico. La relación pasa por varias rutas indirectas: la competencia puede aumentar el involucramiento, y eso favorece el rendimiento, pero también puede aumentar la ansiedad de aprendizaje, y eso perjudica el rendimiento. Además, hallaron una ruta encadenada en la que la competencia se asocia con más ansiedad de aprendizaje, la ansiedad de aprendizaje con menor involucramiento, y el menor involucramiento con menor rendimiento. Este es un mecanismo importante para la pregunta de investigación. Una competición matemática obligatoria puede, entonces, despertar energía e involucramiento en algunos estudiantes, mientras que en otros la misma situación activa ansiedad, duda y retraimiento.

Fish et al. (2023) refuerzan este matiz en un estudio experimental con niños pequeños. Los escenarios matemáticos competitivos y colaborativos pueden apoyar la persistencia y las actitudes hacia la tarea. Sin embargo, su efecto diferencial no fue en la dirección esperada: no fueron las niñas, sino los niños mayores, quienes rindieron peor en la condición competitiva en tareas que exigían mantener la atención en relaciones proporcionales a pesar de señales numéricas distractoras. Este hallazgo, por tanto, no encaja de manera simple en una historia según la cual la competencia perjudica principalmente a estudiantes vulnerables o inseguros. El valor del estudio está más bien en advertir que la competencia puede redirigir la atención de los niños, y que eso depende de la edad, el género, el tipo de tarea y el encuadre social.

Cotton et al. (2013) también muestran que el efecto de la competencia es sensible al contexto, pero su estudio debe leerse con más precisión que como una descripción de competencias escolares corrientes. Se trata de un experimento de campo en aulas de primaria en el que los niños resolvieron tareas matemáticas bajo estructuras de incentivos competitivos, a lo largo de varias rondas sucesivas. Una ventaja inicial para los niños desapareció en rondas posteriores. Los autores no explican esto simplemente por habituación, sino por una combinación de sobre-rendimiento de niños con menor habilidad y sub-rendimiento de niñas con mayor habilidad en la primera ronda; además, reducir la presión de tiempo también cambió el patrón. Para las olimpiadas obligatorias, esa cautela es especialmente relevante: un puntaje competitivo inicial puede decir más sobre la estructura de incentivos, la presión de tiempo y las respuestas conductuales que sobre una capacidad matemática estable.

Para la pregunta de investigación, el problema no es entonces la competencia como tal, sino sobre todo la competencia individual, comparativa y obligatoria sin suficiente autonomía, colaboración y retroalimentación sobre el proceso. Tauer y Harackiewicz (2004) y Johnson y Johnson (2009) afinan esta cuestión de diseño: competencia y colaboración no son polos simples. La colaboración puede apoyar la motivación intrínseca, y la competencia entre grupos puede ser motivante cuando los estudiantes colaboran dentro de un equipo. Eso encaja con el contexto de tareas grupales de olimpiada mencionado antes.

La literatura, por tanto, apunta a un modelo de dos vías. La competencia puede convertirse en un reto cuando los estudiantes se sienten suficientemente competentes, experimentan posibilidad de elección y perciben el entorno social como seguro. La competencia se convierte en una amenaza cuando los estudiantes tienen poca autonomía, esperan fracasar o interpretan su puntaje como prueba de una capacidad matemática fija. La participación obligatoria aumenta sobre todo ese segundo riesgo, porque el estudiante no puede decidir primero si el reto encaja con su interés y su nivel.

La participación obligatoria afecta la autonomía y la competencia percibida

La teoría de la autodeterminación ayuda a explicar por qué la obligación, en este contexto, es más que un detalle práctico de organización. Deci y Ryan (2000) sostienen que la autonomía, la competencia y la vinculación son necesidades básicas para una motivación de calidad. Ryan y Deci (2000) distinguen aquí entre motivación intrínseca, en la que una actividad se realiza por la actividad misma, y regulación extrínseca, en la que la conducta está impulsada principalmente por presión o recompensa externa. Una competición externa obligatoria desplaza la actividad hacia la regulación extrínseca: los estudiantes participan porque tienen que hacerlo, no porque hayan elegido el reto.

Ese desplazamiento no siempre tiene que ser problemático. La escuela contiene muchas actividades obligatorias, y los estudiantes también pueden interiorizar tareas obligatorias cuando comprenden su valor y se sienten suficientemente apoyados. El riesgo específico de una olimpiada matemática obligatoria está en la combinación de baja autonomía y amenaza a la competencia percibida. Cuando un estudiante debe participar en una prueba con muchos problemas irresolubles o todavía no enseñados, no solo se limita la posibilidad de elegir. El estudiante también recibe repetidamente señales de que no puede con la tarea. Dentro de la teoría de la autodeterminación, eso constituye una amenaza directa para la necesidad de competencia.

Pekrun et al. (2002) ofrecen una explicación complementaria desde la perspectiva de las emociones académicas. Emociones como la ansiedad no son simples efectos secundarios del aprendizaje, sino que influyen en la atención, la motivación, el uso de estrategias, la autorregulación y el rendimiento. Un estudiante que vive una tarea matemática como incontrolable o amenazante probablemente la abordará de manera distinta a un estudiante que ve la misma tarea como desafiante pero manejable. Así, un mismo problema puede ser cognitivamente comparable y, al mismo tiempo, procesarse de forma muy distinta en el plano emocional.

Aquí aparece la tensión pedagógica central. Las olimpiadas matemáticas suelen usar problemas difíciles, creativos o no estándar para visibilizar el talento y la capacidad de resolver problemas. Para participantes voluntarios, eso puede resultar atractivo. Para participantes obligatorios, el mismo nivel de dificultad puede transmitir un mensaje que pedagógicamente no era la intención: "no puedo con esto", "no soy bueno para las matemáticas" o "las matemáticas son para otros niños". Especialmente en los últimos grados de primaria, cuando los estudiantes todavía están formando su autoconcepto académico, esa interpretación no es neutral.

Por eso, la literatura no respalda un rechazo simple de los problemas matemáticos difíciles. Sí respalda la idea de que esos problemas deben estar cuidadosamente encuadrados. Sin autonomía, preparación y retroalimentación sobre el proceso, el estudiante puede confundir fácilmente la experiencia del desafío con la experiencia de la incapacidad. Ese es exactamente el punto en el que una herramienta pensada para estimular talento puede convertirse en presión por el rendimiento.

La ansiedad matemática, la memoria de trabajo y el rendimiento se refuerzan mutuamente

El segundo mecanismo de la pregunta de investigación es la ansiedad matemática. La literatura sobre este tema es sólida y amplia. Dowker et al. (2016) muestran en su revisión que la ansiedad matemática se investiga desde hace décadas y que se relaciona con el rendimiento, las actitudes y la evitación de las matemáticas. Carey et al. (2016) subrayan que la dirección de la relación entre ansiedad matemática y rendimiento es compleja. Un bajo rendimiento puede aumentar la ansiedad, pero la ansiedad también puede perjudicar el rendimiento. En muchos estudiantes probablemente se forma un ciclo recíproco: la dificultad con las matemáticas aumenta la ansiedad, la ansiedad interfiere con el aprendizaje y el desempeño, y luego un peor rendimiento confirma la visión negativa de sí mismos.

Caviola et al. (2021) indican que distintas formas de ansiedad académica, incluida la ansiedad matemática y la ansiedad ante los exámenes, se relacionan con el rendimiento en matemáticas. Este metaanálisis es importante porque no reduce el patrón a un estudio pequeño ni a un solo grupo de edad. Al mismo tiempo, la interpretación práctica sigue siendo cautelosa: la ansiedad no lo explica todo, y la relación está influida por factores cognitivos, sociales y demográficos. Para la pregunta de investigación, esto significa que una competición obligatoria no conduce automáticamente a un peor rendimiento, pero sí puede convertirse en un factor de riesgo cuando activa ansiedad.

El mecanismo de la memoria de trabajo vuelve concreto ese riesgo. La ansiedad pesa porque ocupa espacio cognitivo que se necesita precisamente para razonar, retener pasos intermedios y revisar estrategias. Ramirez et al. (2013) lo muestran en estudiantes pequeños de primaria: la ansiedad matemática se relaciona sobre todo con el rendimiento en niños con memoria de trabajo relativamente fuerte, precisamente porque bajo presión estos niños pierden capacidad cognitiva que normalmente usan de manera productiva. Justicia-Galiano et al. (2017) añaden que, en niños, la ansiedad matemática se relaciona con el rendimiento no solo a través de la memoria de trabajo, sino también a través del autoconcepto matemático.

Ese mecanismo no se limita a estudiantes mayores. La investigación en edad de primaria muestra que el rendimiento matemático se relaciona con la atención, el razonamiento inductivo, la memoria de trabajo y la ansiedad matemática (Pappas et al., 2019), que la ansiedad matemática y el rendimiento empiezan a vincularse longitudinalmente desde etapas tempranas (Cargnelutti et al., 2017), y que la ansiedad matemática también se asocia con habilidades básicas en estudiantes de primaria (Sorvo et al., 2017). En una muestra española de educación primaria, Arnal-Palacián et al. (2022) muestran además que aspectos de la ansiedad matemática, como el miedo, la inquietud y el bloqueo, pueden aumentar a lo largo de la primaria y diferir según la edad y el género. Esto deja claro que la ansiedad matemática no es un problema que aparezca solo en secundaria.

En conjunto, estos estudios hacen vulnerable el contexto de la competición obligatoria. Una prueba externa difícil exige mucha memoria de trabajo, flexibilidad y capacidad de resolución de problemas. Si el estudiante al mismo tiempo está ocupado con el fracaso, el tiempo, la comparación o las expectativas familiares o escolares, esas preocupaciones compiten con el espacio cognitivo que la tarea necesita. La competición termina midiendo no solo capacidad matemática o potencial de resolución de problemas, sino también regulación del estrés, confianza ante las pruebas y familiaridad con formatos competitivos.

Esto también genera un problema de validez. Un puntaje bajo en una olimpiada obligatoria puede leerse fácilmente como prueba de que un estudiante tiene poco talento matemático. Desde la literatura, esa lectura es demasiado simplista. El puntaje también puede verse afectado por la ansiedad, la carga sobre la memoria de trabajo, la falta de familiaridad con los tipos de problema, la ausencia de preparación y el significado social de la prueba. Sobre todo cuando los problemas están deliberadamente por encima del nivel regular, un puntaje bajo no es automáticamente un indicador limpio de competencia matemática.

La competencia percibida y el autoconcepto matemático no son un detalle menor

Además de la ansiedad matemática, la pregunta de investigación menciona la competencia percibida y el autoconcepto académico. Eso es pertinente, porque la ansiedad y el autoconcepto están estrechamente vinculados en la literatura. Jameson (2014) encontró en niños pequeños que el autoconcepto matemático es un predictor fuerte de la ansiedad matemática. Los estudiantes que se perciben como menos capaces corren, por tanto, un mayor riesgo de vivir las matemáticas como algo amenazante. En sentido contrario, las experiencias de ansiedad pueden deteriorar aún más el autoconcepto.

Pérez-Fuentes et al. (2020) muestran, en un estudio sobre autoeficacia, ansiedad y rendimiento matemático, que la competencia percibida y la ansiedad se relacionan con el rendimiento. Aunque su estudio se concentra en estudiantes mayores que la población objetivo principal de esta síntesis, el mecanismo es relevante: quien se siente competente se acerca a las matemáticas de una forma distinta a quien espera quedarse corto. El estudio encaja con la teoría de la autodeterminación, en la que la competencia percibida es una condición básica para una motivación duradera.

Con datos de TIMSS, Mejía-Rodríguez et al. (2020) muestran que las diferencias en el autoconcepto matemático ya pueden ser visibles desde temprano y que, en muchos países, difieren según el género. Esto significa que los estudiantes no entran a una competición como participantes neutrales. Llegan con experiencias previas, expectativas y mensajes sociales. Una competición externa puede confirmar o corregir esas expectativas. Cuando un estudiante con poca confianza se encuentra sobre todo con problemas irresolubles, es más probable que la competición confirme la visión negativa de sí mismo en lugar de desafiarla.

También aquí el efecto de la competencia no es uniforme. Un estudiante puede descubrir, gracias a una tarea difícil, que hacer pruebas, insistir y equivocarse forman parte de las matemáticas. Pero eso exige un entorno de aprendizaje en el que los errores no se lean como prueba de incapacidad. En una competición obligatoria con puntaje, clasificación o fase de selección, ese mensaje de aprendizaje es menos evidente. La forma institucional dice entonces: esto es una evaluación. La intención pedagógica puede decir: esto es un reto. Para los estudiantes, el lenguaje de la evaluación puede pesar más que la explicación que lo acompaña.

Por eso, en esta síntesis, el término "autoconcepto académico" debe leerse de manera concreta sobre todo como autoconcepto matemático y competencia percibida. No hay evidencia directa suficiente para afirmar que una sola olimpiada matemática obligatoria dañe el autoconcepto académico completo de los estudiantes. Sí hay evidencia suficiente para sostener que experiencias repetidas o emocionalmente intensas de fracaso matemático pueden contribuir a un autoconcepto matemático más negativo, y que ese autoconcepto se relaciona con ansiedad, motivación y rendimiento.

El género y el contexto colombiano exigen cautela adicional

Como Colombia es un contexto objetivo importante, ese contexto merece atención específica. Reali et al. (2016) estudiaron la relación entre ansiedad matemática y rendimiento matemático en estudiantes colombianos de 8 a 16 años, distribuidos entre primaria y secundaria. La fuente, por tanto, no se concentra exclusivamente en los últimos grados de primaria, pero sigue siendo relevante porque parte de la muestra sí corresponde a edades de primaria. Encontraron una relación negativa entre ansiedad matemática y rendimiento, con indicios de que esa relación puede ser más fuerte en las niñas. El estudio muestra así que el mecanismo central no aparece solo en muestras norteamericanas o europeas, aunque la mezcla de edades obliga a aplicar sus hallazgos con cautela a la población específica de esta síntesis.

Cárdenas et al. (2012) añaden otra línea relevante para Colombia. Su comparación entre niños de Colombia y Suecia muestra que la competitividad y la toma de riesgos pueden diferir según la cultura y el género. El estudio no trata sobre olimpiadas matemáticas obligatorias, pero sí deja claro que la competencia no puede separarse del contexto social. Lo que para un estudiante se siente como juego o reto, para otro puede sentirse como riesgo o pérdida de imagen.

La investigación internacional sobre género, ansiedad matemática y autoconcepto respalda esta cautela, aunque no todas las fuentes están cerca de la población objetivo. Devine et al. (2012) estudiaron estudiantes británicos de secundaria y muestran que la ansiedad matemática y la ansiedad ante los exámenes no son lo mismo, y que los patrones de género pueden volverse visibles cuando se controla la ansiedad ante los exámenes. Van Mier et al. (2019) encuentran, en estudiantes jóvenes, que la relación entre ansiedad matemática y rendimiento aritmético puede diferir según el género y el grado escolar. Stoet et al. (2016) usan datos de PISA de estudiantes de 15 años y muestran, a nivel de país, que la valoración parental de las matemáticas y los patrones de género pueden entrelazarse con la ansiedad matemática. Estas fuentes difieren en grupo de edad, nivel de medición y contexto, pero juntas apuntan al mismo punto: los estudiantes no entran a una competencia como casos psicológicos intercambiables.

Para la participación obligatoria, eso significa que una competición "igual" no produce automáticamente una experiencia igual. Todos los estudiantes pueden recibir los mismos problemas, el mismo tiempo y la misma lógica de puntaje, pero difieren en experiencias matemáticas previas, apoyo parental, autoconcepto, lenguaje, confianza frente a las pruebas, expectativas de género y familiaridad con problemas tipo olimpiada. Esas diferencias pueden pesar aún más en una competición externa, porque el colegio tiene menos control sobre el significado que estudiantes, familias y organizadores le dan al puntaje.

El contexto colombiano de olimpiadas es relevante aquí, pero todavía está poco investigado. Puentes (2019) y Díaz-Pinzón (2020) son útiles para mostrar que actividades tipo olimpiada se usan en colegios colombianos como estrategia para fortalecer competencias matemáticas. Correa Álvarez (2013) añade otra capa de contexto: en un análisis de resultados de olimpiadas en Santander entre 2009 y 2012, la diferencia no estuvo en una superioridad clara de hombres o mujeres en puntajes, sino sobre todo en diferencias de participación y en factores como el tipo de colegio y el municipio. Esa fuente, por tanto, respalda sobre todo la relevancia del contexto de género, escuela y territorio en los resultados de olimpiadas. Ninguna de estas fuentes, sin embargo, aporta evidencia fuerte de que la participación externa y obligatoria sea psicológicamente segura o efectiva para toda la población. El contexto colombiano respalda, entonces, sobre todo la relevancia de la pregunta, no una respuesta definitiva.

El apoyo parental orientado al proceso puede amortiguar

La pregunta de investigación no solo pregunta por posibles efectos negativos, sino también por el papel del apoyo parental orientado al proceso. Aquí la teoría de la autodeterminación vuelve a encajar bien. Cuando los padres ponen el énfasis en pensar juntos, intentar, discutir estrategias y normalizar los errores, pueden apoyar las necesidades de vinculación y competencia. La competición se convierte entonces menos en un juicio y más en una experiencia compartida de rompecabezas. En ese contexto, incluso un problema difícil puede ganar valor pedagógico, porque el estudiante vive el no saber como un punto de partida y no como una conclusión final sobre su propia capacidad.

Hart et al. (2016) muestran, en padres de niños entre 3 y 8 años, que el entorno matemático del hogar se relaciona con las habilidades matemáticas reportadas. El grupo de edad es menor que los últimos grados de primaria, pero la fuente es útil para distinguir el tipo de apoyo en casa. El entorno del hogar no se compone solo de práctica formal, sino también de actividades matemáticas informales, espaciales y cotidianas. Para la pregunta de investigación, esto importa porque el apoyo parental no tiene que limitarse a explicar o mostrar. Las actividades en las que los padres razonan con el niño, exploran estrategias en voz alta y reducen la presión de la respuesta correcta pueden ayudar especialmente a que las matemáticas se vivan como una actividad de pensamiento.

Al mismo tiempo, el entorno del hogar no amortigua de forma automática. Casad et al. (2015) muestran, en adolescentes de 11 a 14 años, que la ansiedad matemática de los padres y los estereotipos de género pueden relacionarse con resultados de los hijos, como la autoeficacia, las actitudes y las intenciones educativas. La población es mayor que los últimos grados de primaria, pero el mecanismo es relevante para la pregunta de cómo la tensión y las expectativas parentales pueden colorear el significado de las matemáticas. Padres que sienten tensión frente a las matemáticas pueden transmitir esa tensión sin querer. Padres muy centrados en el puntaje también pueden intensificar el contexto competitivo. El efecto amortiguador de las familias depende, por tanto, no solo de la presencia o del involucramiento, sino de la calidad de ese involucramiento.

Jameson (2014) matiza el papel de los factores de contexto al mostrar que el autoconcepto matemático en niños pequeños se relaciona fuertemente con la ansiedad matemática. Eso significa que el apoyo parental probablemente ayuda más cuando fortalece el autoconcepto: "puedes aprender a abordar esto" en lugar de "tienes que sacar un puntaje alto". Esa formulación también encaja con la literatura sobre competencia: una interpretación orientada al proceso reduce la probabilidad de que los estudiantes lean una competición difícil como prueba de que ellos no son matemáticos.

Sin embargo, la participación parental también tiene una segunda cara. Cuando una primera fase de una competición externa se realiza en casa, aparece un problema de validez. El puntaje ya no mide solamente lo que el niño puede hacer por sí mismo, sino también cuánta ayuda, tiempo, apoyo lingüístico, habilidad digital y conocimiento matemático hay disponibles en el hogar. La literatura sobre el entorno matemático del hogar deja claro que ese entorno varía entre familias. Pedagógicamente, eso no es necesariamente un problema cuando la actividad está pensada como una experiencia de aprendizaje compartido. Sí se convierte en un problema cuando el puntaje obtenido en casa se usa como mecanismo de selección o como comparación entre estudiantes.

El apoyo parental orientado al proceso puede ser, entonces, dos cosas al mismo tiempo. A nivel del niño, puede proteger frente a la ansiedad y frente al daño al autoconcepto. A nivel del sistema, puede aumentar la desigualdad y el ruido en la medición cuando la participación en casa forma parte de una competición formal. Esa distinción es crucial. No es justo hacer a los padres responsables de reparar un sistema obligatorio mal diseñado. Los padres pueden suavizar la experiencia, pero no pueden neutralizar por completo el mensaje institucional de una evaluación obligatoria.

Fuerza de evidencia de las fuentes más citadas

Hace falta un último paso de crítica de fuentes, porque no todas las fuentes encontradas o frecuentemente citadas tienen el mismo peso probatorio. Deci y Ryan (2000) ofrecen una base teórica sólida para autonomía, competencia y vinculación. Li et al. (2022) es empíricamente relevante porque trata directamente sobre competencia, estudiantes de primaria, ansiedad de aprendizaje e involucramiento. Por eso, estas dos fuentes pueden sostener un papel central en la argumentación.

Boaler (2012) encaja en el tema como una advertencia práctica sobre la presión de tiempo y la ansiedad matemática, pero no es una fuente empírica fuerte revisada por pares. Por eso, la afirmación central sobre la presión de tiempo se respalda mejor con la literatura más amplia sobre ansiedad matemática, presión evaluativa y memoria de trabajo, como Ramirez et al. (2013), Caviola et al. (2021) y Justicia-Galiano et al. (2017). En el mejor de los casos, Boaler puede servir como contexto experto o práctico.

Kohn (1986, 1993) es relevante como voz crítica de filosofía educativa frente a la competencia y las estructuras de recompensa, pero aquí también hace falta cautela. Reitman (1998) critica la interpretación que hace Kohn de la recompensa y de las intervenciones conductuales. Eso no significa que las preocupaciones de Kohn sobre la competencia sean inútiles, pero sí que no deben tratarse como el fundamento empírico de la síntesis. La ruta más sólida es colocar la crítica normativa de Kohn al lado de la investigación empírica sobre competencia, motivación y ansiedad. Así, la argumentación sigue siendo más defendible.

Esta crítica de fuentes vuelve más precisa la conclusión. La literatura no respalda la afirmación tajante de que las olimpiadas matemáticas obligatorias sean traumáticas por definición. Sí respalda la afirmación más acotada de que las olimpiadas matemáticas obligatorias, exigentes y comparativas crean un riesgo elevado de ansiedad matemática y de menor sensación de competencia, especialmente en estudiantes que experimentan poca autonomía, preparación o apoyo.

Límites metodológicos de la literatura actual

Una buena síntesis también debe decir qué cosas no puede responder la literatura. La limitación principal es que pocas fuentes estudian directamente olimpiadas matemáticas externas y obligatorias en los últimos grados de primaria. Li et al. (2022) trata sobre competencia en el aula, no sobre olimpiadas externas. Fish et al. (2023) estudia situaciones de juego competitivas y colaborativas, no pruebas selectivas a gran escala. Cotton et al. (2013) trata sobre incentivos competitivos en matemáticas dentro de aulas de primaria, no sobre olimpiadas externas ya existentes. La literatura sobre ansiedad matemática es fuerte, pero por lo general estudia rendimiento regular, tareas aritméticas o contextos escolares, no olimpiadas.

Por eso, la conclusión es inferencial. La síntesis conecta mecanismos que están bien sustentados en distintas líneas de literatura, pero no puede fingir que existe evidencia causal directa para el caso exacto. Eso no es una debilidad de la pregunta de investigación, pero sí una limitación para la forma de redactar las conclusiones. Expresiones como "puede", "aumenta el riesgo" y "probablemente sobre todo cuando" encajan mejor que formulaciones categóricas como "conduce a" o "siempre causa".

Una segunda limitación es que muchos estudios son transversales. Carey et al. (2016) muestran precisamente que la dirección entre ansiedad matemática y rendimiento es difícil de establecer. Por eso, los estudios longitudinales como Cargnelutti et al. (2017) son valiosos, aunque tampoco resuelven todas las preguntas sobre experiencias competitivas. Para la pregunta de investigación actual, una investigación ideal seguiría a los estudiantes antes, durante y después de una competición obligatoria, con mediciones de ansiedad, competencia percibida, rendimiento, apoyo parental e interpretación del puntaje. Ese tipo de estudios parece escaso en la literatura revisada.

Una tercera limitación tiene que ver con la cultura y el lenguaje. Las fuentes colombianas son relevantes, pero fragmentarias. Reali et al. (2016) es fuerte para estudiantes colombianos y ansiedad matemática, pero no es específico sobre olimpiadas ni se limita a primaria. Puentes (2019), Correa Álvarez (2013) y Díaz-Pinzón (2020) acercan más el contexto colombiano de olimpiadas, pero ofrecen evidencia general más débil. Por eso, la síntesis debe ser cuidadosa al trasladar hallazgos internacionales al caso colombiano. Al mismo tiempo, precisamente por esa limitada literatura local, sigue siendo importante nombrar explícitamente el contexto objetivo colombiano.

Respuesta a la pregunta de investigación

La literatura sugiere que la participación obligatoria en olimpiadas matemáticas organizadas externamente se vuelve especialmente problemática cuando los estudiantes viven la competición como una comparación evaluativa que no eligieron y para la cual no están suficientemente preparados en términos de contenido. En esa situación confluyen tres mecanismos.

En primer lugar, la obligación reduce la autonomía. Dentro de la teoría de la autodeterminación, eso no siempre es dañino por sí mismo, pero se vuelve vulnerable cuando los estudiantes no comprenden el valor de la actividad o cuando la tarea despierta sobre todo presión externa. En segundo lugar, una competición demasiado difícil amenaza la competencia percibida. Cuando muchos problemas quedan fuera del alcance, el estudiante puede interpretar la experiencia como fracaso y no como reto. En tercer lugar, la combinación de presión de tiempo, puntaje y comparación social puede activar la ansiedad matemática. Esa ansiedad puede cargar la memoria de trabajo, alterar la atención centrada en la tarea y disminuir el rendimiento.

Estos mecanismos afectan el autoconcepto académico, especialmente el autoconcepto matemático. La literatura muestra que la ansiedad matemática, el autoconcepto y el rendimiento están mutuamente relacionados. Por eso, una competición obligatoria no tiene por qué ser solo una incomodidad pasajera. Si la experiencia es suficientemente intensa o se repite, puede contribuir a una creencia más estable de que las matemáticas "no son para mí". Ese riesgo es mayor en estudiantes que ya se sienten inseguros, que perciben poco apoyo o que, por expectativas de género o de contexto, son más sensibles a mensajes negativos sobre las matemáticas.

Al mismo tiempo, la respuesta no es que toda competencia deba evitarse. Las actividades matemáticas competitivas pueden estimular el involucramiento y la persistencia cuando se diseñan como retos alcanzables, cuando la colaboración sigue siendo posible, cuando la participación incluye elementos de elección y cuando la retroalimentación está orientada al proceso. La tensión, por tanto, no reside en el desafío matemático en sí, sino en el encuadre pedagógico de ese desafío.

El apoyo parental orientado al proceso puede amortiguar los efectos negativos al cambiar el significado de la competición. Los padres pueden desplazar el énfasis del puntaje hacia la estrategia, de ganar a intentar, y de fracasar a aprender. Con ello apoyan la vinculación y la competencia percibida. Pero este amortiguador tiene límites. Los padres también pueden transmitir presión o ansiedad matemática, y las diferencias en el apoyo en casa pueden volver los puntajes más desiguales y menos válidos. El apoyo parental es, por tanto, un factor protector a nivel micro, no una solución a una obligación problemática a nivel del sistema.

La conclusión más defendible es, entonces, matizada: las olimpiadas matemáticas externas y obligatorias son pedagógicamente riesgosas cuando se organizan como pruebas selectivas, difíciles y comparativas para todos los estudiantes. En ese caso, pueden intensificar la ansiedad matemática y debilitar la sensación de competencia, especialmente en estudiantes para quienes la tarea está fuera de alcance o que ya se sienten inseguros frente a las matemáticas. Los efectos negativos no son inevitables, pero sí dependen del diseño y del acompañamiento. La voluntariedad, una dificultad adecuada, la preparación, la colaboración, la retroalimentación sobre el proceso y el apoyo parental pueden desplazar la actividad de amenaza a reto.

Implicaciones para la práctica educativa y la investigación futura

El siguiente apartado no añade una nueva capa de evidencia, sino que traduce la síntesis en posibles decisiones para la práctica y para la investigación futura.

Para los colegios, esto significa que la participación obligatoria en una olimpiada matemática externa debe evaluarse no solo desde lo organizativo, sino también desde lo pedagógico. La pregunta principal no es si la competición tiene prestigio o si puede detectar talento, sino qué experiencia deja en la población amplia de estudiantes. Si la mayoría aprende sobre todo que no puede resolver los problemas, el valor educativo es dudoso.

Un primer principio de diseño es la voluntariedad, o al menos la posibilidad de elección con sentido. Si la voluntariedad total no es posible, la elección todavía puede incorporarse ofreciendo a los estudiantes distintos roles, niveles o tipos de tarea. Un segundo principio es la preparación. Los estudiantes deben saber que los problemas de olimpiada son distintos de las tareas regulares de clase y que no resolver todo es normal. Un tercer principio es la evaluación orientada al proceso. Los puntajes pueden existir, pero no deberían ser el mensaje principal para estudiantes que no participan en una ruta de selección. Un cuarto principio es la colaboración. El trabajo en equipo o las conversaciones de clase pueden desplazar la competición del ranking individual hacia la exploración compartida de problemas.

Para las familias, la implicación práctica es que el apoyo debería estar orientado sobre todo al proceso. Ayudar no significa asegurar que el niño obtenga un puntaje alto. Significa leer con calma juntos, probar estrategias, normalizar los errores, permitir pausas y explicitar que los problemas difíciles no son lo mismo que la falta de capacidad. Al mismo tiempo, los colegios deben ser prudentes con las rondas en casa si esas rondas cuentan para selección. En ese caso, la ayuda parental se convierte en un confusor: algunos estudiantes reciben apoyo de contenido, apoyo emocional y apoyo práctico, mientras que otros no.

Para la investigación futura, sería apropiado un diseño de métodos mixtos. Cuantitativamente, podría medirse cómo se relaciona la participación con la ansiedad matemática, la competencia percibida, el autoconcepto y el rendimiento antes y después de la competición. Cualitativamente, podría investigarse cómo estudiantes, familias y docentes interpretan la competición. Esa interpretación importa precisamente porque el mismo puntaje puede ser visto por un estudiante como un juego y por otro como prueba de fracaso. Para Colombia, la investigación sería especialmente valiosa si incluye prácticas locales de olimpiadas, lenguaje, cultura escolar y apoyo parental.

Fuentes utilizadas y su papel en la síntesis

La tabla de abajo muestra qué fuentes sostienen la argumentación principal y cuáles se usaron sobre todo como contexto o como matiz de crítica de fuentes. Boaler y Kohn se mencionan solo como contexto de crítica de fuentes; el respaldo empírico descansa en fuentes revisadas por pares y metodológicamente más sólidas.

Papel en la síntesis Fuentes
Evidencia central sobre competencia, ansiedad y rendimiento Li et al. (2022), Murayama y Elliot (2012), Fish et al. (2023), Cotton et al. (2013), Tauer y Harackiewicz (2004), Johnson y Johnson (2009)
Evidencia central sobre ansiedad matemática, memoria de trabajo, rendimiento y autoconcepto Carey et al. (2016), Caviola et al. (2021), Dowker et al. (2016), Ramirez et al. (2013), Justicia-Galiano et al. (2017), Cargnelutti et al. (2017), Sorvo et al. (2017), Pappas et al. (2019), Jameson (2014), Pérez-Fuentes et al. (2020)
Base teórica sobre motivación y emociones académicas Deci y Ryan (2000), Ryan y Deci (2000), Pekrun et al. (2002)
Apoyo parental, entorno del hogar y género/contexto Hart et al. (2016), Casad et al. (2015), Mejía-Rodríguez et al. (2020), Stoet et al. (2016), Devine et al. (2012), Van Mier et al. (2019), Arnal-Palacián et al. (2022)
Contexto colombiano y en español sobre olimpiadas Reali et al. (2016), Cárdenas et al. (2012), Correa Álvarez (2013), Puentes (2019), Díaz-Pinzón (2020), Cano Nieto (2015), Trincado Royo (2020), Falk de Losada y Taylor (2022)
Contexto de crítica de fuentes Reitman (1998), Boaler (2012), Kohn (1986, 1993)

Referencias

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Declaración sobre el uso de IA

Se utilizó IA como apoyo para estructurar esta síntesis de literatura, comparar fuentes, revisar la consistencia entre el uso de fuentes y la argumentación, y afinar la redacción. Las decisiones de contenido, la ponderación de las fuentes, la interpretación, la edición final y la responsabilidad por el texto definitivo permanecen en manos del autor.