Abelardo de la Espriella: el tigre que promete orden

Michel Mix · Medellín, Colombia ·

Banner de campaña de Abelardo de la Espriella haciendo el saludo frente a la bandera colombiana con el eslogan Firme por la patria

Abelardo de la Espriella ganó el 31 de mayo de 2026 la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, según el preconteo. Eso importa, claro, pero no es lo más interesante de él. La pregunta de fondo es otra: ¿qué tipo de político está hoy tan cerca de la Casa de Nariño?

Mi respuesta corta: De la Espriella no es un outsider cualquiera. Es un hombre del poder que se vende como outsider. Un penalista que convirtió procesos judiciales en peleas mediáticas. Un empresario que usa el lujo como prueba política. Un producto de campaña que comprime orden, fe, masculinidad y rabia en una sola marca bien armada. Y sí: pertenece a la misma familia de estilo político de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, aunque el contexto colombiano sea distinto.

No escribo esto con una sonrisa neutral desde la tribuna. Me produce un rechazo profundo el modelo Trump-Bukele: la política como poder personal, espectáculo de corto plazo, favores para los amigos, críticos empequeñecidos e instituciones tratadas como muebles estorbosos. Pero precisamente por eso el análisis tiene que ser mejor que el insulto. Si uno solo dice que son unos idiotas, quizá tenga razón un viernes por la noche, pero todavía no tiene una explicación un lunes por la mañana.

Y De la Espriella exige explicación.

El hambre de orden es real

Para entender a De la Espriella hay que empezar por algo incómodo: su mensaje funciona porque habla de un miedo real. Colombia tiene un problema de seguridad que no se resuelve con un taller amable y tres nuevas mesas de diálogo. Los grupos armados controlan territorios. La extorsión no es un riesgo abstracto para muchos empresarios y ciudadanos. La economía de la coca sigue andando. La "paz total" de Petro no ha entregado lo que prometía su nombre.

De la Espriella vio ese hueco. Su respuesta es dura y fácil de entender: no más procesos de paz, presión militar, megacárceles, regreso de la fumigación de coca, cooperación más estrecha con Estados Unidos e Israel, y una política de seguridad que presenta como "Seguridad Democrática 2.0" (Acosta, 2026a; AFP, 2026; Villa Román, 2026).

Ahí está la fuerza de su relato. No en que todo sea viable. No en que todo sea sensato. Sino en que suena a acción en un país donde mucha gente siente, sobre todo, cansancio.

"En mi gobierno no habrá procesos de paz."

— De la Espriella, Reuters (Acosta, 2026a)

Eso no es una estrategia de seguridad matizada. Pero sí es una frase que entra directo en quienes sienten que el Estado habla demasiado cuando debería proteger.

Ahí también empieza mi incomodidad. No se puede despachar esa necesidad de orden como estupidez o reflejo fascista. La seguridad no es un capricho de derecha. Pero cuando un político vende seguridad como permiso para debilitar contrapesos, derechos humanos y crítica, una pregunta legítima se convierte en una oferta peligrosa.

Un abogado del poder, no un hombre de afuera

A De la Espriella le gusta presentarse como independiente. Formalmente tiene margen para hacerlo: nunca ha ocupado un cargo público. Pero eso no lo convierte en alguien de afuera.

Su padre, Abelardo de la Espriella Juris, fue activo en la política de Córdoba, fue candidato a la Gobernación y ocupó cargos públicos (Redacción El Tiempo, 1997). El hijo creció en Montería, estudió Derecho en la conservadora Universidad Sergio Arboleda y desde 2002 construyó su propio bufete (Torres García, 2026). Su carrera no pasó por ministerios ni alcaldías, sino por juzgados, medios, clientes ricos y redes poderosas.

La Silla Vacía lo describe como alguien que convirtió la defensa judicial y mediática de personajes cuestionados, el lujo, la intimidación pública y la cercanía con poderes incómodos en una marca personal (León et al., 2026). El País lo llama penalista de "causas polémicas", tanto en los tribunales como en los medios (Osorio & Martín, 2026). El Espectador enumera una carrera con casos muy distintos: David Murcia de DMG, Álex Saab, figuras de la parapolítica, Álvaro Uribe, pero también víctimas como Natalia Ponce de León (Torres García, 2026).

Eso último no debe desaparecer. Un perfil honesto no puede volverlo más plano de lo que es. También ha llevado casos que muchos consideran socialmente valiosos. Pero el patrón en las fuentes es claro: De la Espriella se mueve con comodidad entre conflicto, dinero, visibilidad e intimidación. No es un hombre que haya estado por fuera del poder. Estuvo por fuera del poder elegido.

La diferencia es grande.

La campaña como producto de marca

De la Espriella no es teatral por accidente. Su campaña está diseñada como espectáculo. La Silla Vacía describe actos con luces, humo, videos de tigres, jingles, saludos militares e interacción fija con el público. El candidato no aparece solo con propuestas, sino con un ritual: "Firme por la patria", el tigre, el enemigo, el rescate (León et al., 2026).

"Acá está tu tigre, que ruge y muerde."

— De la Espriella, La Silla Vacía (León et al., 2026)

Eso puede parecer superficial, pero es profundamente político. En este tipo de política, el estilo no es el empaque del producto. El estilo es el producto.

Andrew Postman escribió en The Guardian sobre su padre Neil Postman y la advertencia de Amusing Ourselves to Death: la política moderna no se vuelve peligrosa solamente cuando se prohíbe información, sino también cuando la atención pública se ahoga en entretenimiento, imágenes, velocidad y estímulos (Postman, 2017). Es un lente útil para mirar a De la Espriella. No necesita primero meter al elector en un programa de gobierno de 180 páginas. Necesita sobre todo activar una sensación que funciona mejor que un programa: por fin alguien que se atreve.

Esa es también la lección de Trump. Trump mostró que la seriedad política no siempre recibe premio. La atención recibe premio. La repetición recibe premio. El insulto recibe premio. Un enemigo fácil de entender recibe premio. Frankwatching analizó en 2016 cómo Trump usaba de forma constante lenguaje simple, palabras emocionales, shock, reencuadre y ataques de sus contradictores a su favor (Van der Burg, 2016). No hace falta creer que De la Espriella trabaja literalmente con el mismo manual para ver el patrón.

Él también lo mantiene simple. El país está enfermo. La élite de izquierda es el enemigo. El Estado es demasiado grande. Los criminales solo entienden la fuerza. Quien critica suele ser parte del problema. Y él, el tigre, es la respuesta.

"Señores de la izquierda, en mí tendrán a un enemigo acérrimo..."

— De la Espriella, France 24 (France 24, 2026)

Eso no funciona a pesar de la exageración. Funciona, en parte, por la exageración.

Trump, Bukele y la tentación del golpe rápido

De la Espriella no admira ni imita todo abiertamente, pero sí se ubica dentro de una familia internacional reconocible. France 24 lo presenta como admirador de Trump, Milei y Bukele. Reuters señala la comparación con Bukele, incluida la promesa de megacárceles y mano dura contra el crimen (Acosta, 2026b; France 24, 2026). El País ve en él a un candidato de derecha radical que tomó con mayor eficacia la bandera de la oposición dura contra la izquierda (Stacey, 2026).

El modelo Bukele seduce porque promete resultados rápidos y visibles: calles más tranquilas, criminales encerrados, el líder popular, la crítica convertida en queja de clubes de derechos humanos. Pero ese es justamente el problema. El Estado se vuelve una máquina de orden visible, mientras las preguntas sobre derechos, errores, arbitrariedad, condiciones carcelarias y concentración de poder pasan al fondo. Es política de corto plazo con una sombra larga.

Con Trump, la lección está en otro nivel: no solo en lo que promete, sino en lo que sus promesas hacen con las instituciones. Rob Wijnberg resume en De Correspondent la advertencia con la regla de Masha Gessen para el autoritarismo emergente: hay que creerle al autócrata; dice en serio lo que dice (Wijnberg, 2024). Thomas Zimmer hace un punto parecido sobre Trump: el peligro no está solo en el temperamento, sino en el plan de llenar el Estado de leales, castigar opositores y poner entidades independientes bajo control político (Zimmer, 2023, 2024).

Eso no significa que Colombia vaya a volverse automáticamente Estados Unidos, ni que De la Espriella sea Trump con mejores trajes y más vallenato de fondo. La analogía no es una fotocopiadora. Pero la advertencia sí importa: hay que tomar en serio el lenguaje autoritario antes de que se vuelva política pública.

De la Espriella ha propuesto reducir el Estado en un 40 por ciento, eliminar casi la mitad de los ministerios, sacar a Colombia de organizaciones internacionales como la ONU, la OEA y el sistema interamericano de derechos humanos, y gobernar con herramientas de excepción para actuar rápido (León et al., 2026; Redacción Semana, 2025a, 2025b). Sus defensores dirán: eso es carácter. Mi pregunta es más sencilla: ¿qué frenos quedan cuando la decisión rápida se convierte en el bien político más alto?

"Facilito, no se manda."

— De la Espriella sobre la representación ante la ONU, Semana (Redacción Semana, 2025b)

La democracia no se trata solo de ganar votos. También se trata de lo que uno no puede hacer después de ganar.

El giro moral: de abogado del diablo a defensor de la patria

Una de las facetas más fascinantes de De la Espriella es su reempaque moral. Durante años fue el abogado que no evitaba casos difíciles, sucios o socialmente cargados. A veces defendía esa posición con una idea casi provocadora del oficio: el derecho está separado de la comodidad moral.

"La ética no tiene nada que ver con el derecho."

— De la Espriella, El País (Osorio & Martín, 2026)

Ahora se presenta como defensor de Dios, la familia, el orden y la patria. Según La Silla Vacía, pasó de declararse ateo a mostrarse católico, con una campaña en la que las redes cristianas, el lenguaje religioso y la lucha moral juegan un papel importante (León et al., 2026). El País lo describe como candidato de la ultraderecha que también se opone al derecho al aborto y a la adopción por parejas del mismo sexo, y señala comentarios misóginos y homofóbicos durante la campaña (Osorio & Martín, 2026).

"feminista de vieja guardia"

— De la Espriella sobre sí mismo, La Silla Vacía (León et al., 2026)

No es un detalle menor. Hace que su política sea más que un programa de seguridad. Se vuelve un relato sobre quién pertenece y quién no a la comunidad moral. La "patria" deja de ser solo un país. Es un nosotros depurado. Quien queda por fuera se vuelve sospechoso muy rápido: izquierdista, progresista, periodista, juez, oenegé, organización internacional, feminista, "mamertería", o la etiqueta que toque ese día.

Por eso la comparación con Trump sirve. Benjamin Wallace-Wells escribió después del triunfo de Trump en 2016 que la pregunta real no era solo cómo periodistas y encuestadores lo habían pasado por alto, sino cómo millones de personas podían verlo como su campeón (Wallace-Wells, 2016). Con De la Espriella pasa algo parecido. Su atractivo no está solo en las propuestas. Le ofrece a su gente un papel emocional: ustedes no son atrasados, son la nación real; ustedes no tienen miedo, están despiertos; ustedes no son duros, por fin son honestos.

Eso es potente. Y peligroso.

Las redes incómodas

La mayor vulnerabilidad de De la Espriella no es que haya tenido clientes controversiales. Un abogado puede defender clientes controversiales. Eso no es un escándalo. Eso es Estado de derecho.

La pregunta es qué dicen su carrera y su entorno empresarial sobre su relación con el poder.

Semana publicó ya en 2006 preguntas de Daniel Coronell sobre Fipaz, el proyecto de referendo contra la extradición y el salto empresarial repentino del joven bufete de De la Espriella (Coronell, 2006). La Silla Vacía reconstruye su papel alrededor de Ralito, su defensa de clientes de la parapolítica, DMG y Álex Saab, y también subraya que investigaciones en su contra en distintos asuntos han sido archivadas o que él niega las acusaciones (León et al., 2026).

Vorágine publicó dos investigaciones recientes sobre su entorno empresarial. La primera trata de un predio en Becerril, Cesar, que De la Espriella compró en 2013 y que, según Vorágine, venía de una división de tierras dentro de la familia de Hugues Rodríguez Fuentes, alias "Comandante Barbie", un hombre condenado en Colombia por promover grupos paramilitares (Flórez, 2026). La segunda trata de Elisa Rodríguez, accionista de la empresa detrás de Ron Defensor, quien según Vorágine tuvo negocios con un lavador condenado y es familiar del mismo Hugues Rodríguez (Vorágine, 2026a).

Además, una alianza periodística publicó el 31 de mayo una investigación sobre una base de datos no protegida de la campaña Defensores de la Patria. Según esa alianza, la base contenía 1,4 millones de registros, incluidos miles de posibles funcionarios y cientos de correos relacionados con la Policía. Los investigadores aclaran que no se sabe si todos los registros fueron voluntarios, porque el sistema no tenía una verificación adecuada de identidad (Alianza periodística, 2026).

Esto no prueba que De la Espriella sea personalmente culpable de cada problema en su entorno. No hay que leerlo así. Pero sí muestra algo políticamente relevante: el hombre que promete limpiar a Colombia viene de un mundo donde poder, dinero, agresividad jurídica y cercanías dudosas se mezclan todo el tiempo.

Quien sale agitando una escoba no debería asustarse del polvo debajo de su propio gabinete.

La prensa como poder enemigo

Un líder que quiere gobernar duro tendría que soportar especialmente bien el control. Con De la Espriella, justo ahí empiezan las dudas.

Americas Quarterly dice que entre 2008 y 2019 presentó más de cien denuncias por injuria y calumnia, según la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP (Ávila, 2026). La Silla Vacía describe una estrategia más amplia de demandas civiles, denuncias penales, ataques públicos y presión económica contra periodistas y críticos (León et al., 2026). El País escribe que en campaña aparece con facilidad en medios amigos, pero suele tratar a los medios críticos como mentirosos u hostiles (Osorio & Martín, 2026).

"Nada le duele más a ese periodismo independiente que el bolsillo."

— De la Espriella, La Silla Vacía (León et al., 2026)

Ese patrón encaja demasiado bien con el manual autoritario internacional como para reducirlo a mal genio personal. Trump llama enemigos a los medios. Bukele usa su popularidad para volver sospechosa la crítica. De la Espriella no tiene que copiar ese modelo al milímetro para moverse en la misma dirección: el periodismo deja de ser control democrático y pasa a ser un obstáculo dentro del relato del líder.

Y ahí empieza mi desconfianza. No en cada medida dura de seguridad. No en cada idea económica de derecha. Sino en la combinación de poder duro, culto personal, pensamiento de enemigo y poca tolerancia al control.

Por qué funciona

Aun así, sería demasiado fácil terminar diciendo: Colombia se volvió loca. Eso es perezoso y además no es cierto.

De la Espriella funciona porque junta cosas que en Colombia andan sueltas: miedo al crimen, rabia contra Petro, nostalgia por la promesa de orden de Uribe, movilización religiosa, rechazo a la cultura progresista, desconfianza frente al Estado, cansancio con el lenguaje tecnocrático y la atracción de la riqueza como prueba de competencia. La Silla Vacía dice que su ascenso muestra que Colombia entra en la fase populista de dos caras: la izquierda con subsidios y aumentos salariales, la derecha con el milagro de seguridad y patria (Pacheco, 2026).

Es una lectura precisa. De la Espriella no es un accidente. Es un síntoma.

No les ofrece a los votantes un paquete de políticas, sino una organización emocional del mundo. A un lado: criminales, comunistas, burócratas, élites corruptas, periodistas que según él mienten, clubes internacionales que frenan a Colombia. Al otro: patria, familia, Dios, empresarios, soldados, policías, "la gente que nunca ha vivido del Estado".

Ese mundo se deja leer fácil. Es ordenado. Uno ya no tiene que vivir con la complejidad trágica. Todo recibe un lugar. Todo el mundo recibe una etiqueta. Y arriba aparece un hombre que promete que él sí se atreve.

Pero los países no son videos de campaña. Son lentos, tercos y complicados. Quien promete que un solo hombre fuerte puede quemar esa complejidad casi nunca vende una solución. Vende anestesia.

Mi problema con Abelardo

Mi problema con De la Espriella no es que sea de derecha. Colombia puede elegir un presidente de derecha. Mi problema tampoco es que ponga la seguridad en el centro. Colombia necesita seguridad.

Mi problema es que su estilo político se parece demasiado a lo que ya ha hecho daño en otras partes: el líder como marca, el Estado como instrumento de voluntad personal, la prensa como enemiga, el juez como estorbo, los derechos humanos internacionales como lastre de izquierda, el contradictor como peligro existencial y el votante como público que recibe sobre todo confirmación y espectáculo.

Trump y Bukele muestran lo atractivo que puede ser ese modelo. También muestran lo que cuesta. Produce imágenes rápidas: el hombre fuerte, el enemigo encerrado, el contradictor humillado, la masa que aplaude. Pero mientras tanto la norma se mueve. Menos duda. Menos control. Menos paciencia con las minorías. Menos verdad. Más lealtad.

El peligro no está en una frase suelta ni en una medida dura aislada. Está en el patrón. Hay que creerles a los líderes cuando dicen que quieren quitar los frenos. Hay que creerles cuando tratan a los periodistas como enemigos. Hay que creerles cuando respetan las instituciones solo mientras esas instituciones les sirven. No esperemos a que todo esté jurídicamente bien empacado para reconocer el patrón autoritario.

De la Espriella, entonces, no es solo un candidato. Es una prueba. No de izquierda contra derecha, sino de las defensas democráticas de Colombia: ¿puede un país tomar en serio un miedo real a la inseguridad sin entregarse a un hombre que convirtió el orden en una marca personal?

No hay una respuesta fácil. Pero sí sé esto: quien quiere salvar la democracia soltándole los frenos pide demasiada confianza. Sobre todo cuando él mismo quiere manejar.

Referencias

Acosta, L. J. (2026a, 11 de febrero). Colombia's 'outsider' candidate De La Espriella vows military crackdown to boost economy. Reuters.

Acosta, L. J. (2026b, 28 de mayo). Colombia presidential candidate De La Espriella proposes mega-prisons, crime crackdown. Reuters.

AFP. (2026, 11 de febrero). Colombia election favorite vows US-backed strikes on narco camps. France 24.

Alianza periodística integrada por Cuestión Pública, Vorágine, Rutas del Conflicto, El Veinte y CLIP. (2026, 31 de mayo). En campaña de De la Espriella hay miles de funcionarios inscritos, incluyendo policías activos. Vorágine.

Ávila, R. (2026, 11 de febrero). Colombia's Bukele? Abelardo De La Espriella surges ahead. Americas Quarterly.

Coronell, D. (2006, 19 de agosto). El apoderado. Semana.

Flórez, J. (2026, 15 de febrero). La tierra de un narcoparamilitar que pasó a manos de Abelardo de la Espriella. Vorágine.

France 24. (2026, 26 de mayo). Admirador de Trump, Milei y Bukele: así es Abelardo de la Espriella. France 24.

León, J., Ortiz, J., & Mejía, E. (2026, 29 de mayo). Abelardo de la Espriella, una marca importada para la época. La Silla Vacía.

Osorio, C., & Martín, M. (2026, 1 de junio). Abelardo de la Espriella, el abogado del diablo que quiere ser presidente de Colombia. El País.

Pacheco, D. (2026, 31 de mayo). Habrá segunda vuelta: Abelardo y Cepeda se enfrentarán el 21 de junio. La Silla Vacía.

Postman, A. (2017, 2 de febrero). My dad predicted Trump in 1985: It's not Orwell, he warned, it's Brave New World. The Guardian.

Redacción El Tiempo. (1997, 13 de octubre). Estoy invocando la solidaridad. El Tiempo.

Redacción Semana. (2025a, 16 de noviembre). Abelardo de la Espriella dice que eliminaría casi la mitad de los ministerios. Semana.

Redacción Semana. (2025b, 16 de noviembre). Abelardo de la Espriella anuncia que, si es presidente, retirará a Colombia de la ONU, la OEA y la CIDH. Semana.

Stacey, D. (2026, 26 de mayo). The far right takes flight in Colombia under Abelardo de la Espriella. El País English.

Torres García, N. (2026, 24 de abril). Este es Abelardo de la Espriella: el polémico abogado que busca la Presidencia como outsider. El Espectador.

Van der Burg, V. (2016, 6 de mayo). Psychologische trucs & hypnose: hoe Donald Trump de verkiezingen wint. Frankwatching.

Villa Román, E. (2026, 31 de mayo). Las propuestas de Abelardo de la Espriella: seguridad total de "mano dura" y el crecimiento económico acelerado. El País.

Vorágine. (2026a, 30 de mayo). La socia de Abelardo que hizo negocios con un lavador de la mafia. Vorágine.

Wallace-Wells, B. (2016, 9 de noviembre). Who believed in Trump, and who is to blame. The New Yorker.

Wijnberg, R. (2024, 6 de noviembre). Met Donald Trump kiest Amerika voor de autoritaire antidemocraat. Laat dat een indringende waarschuwing zijn. De Correspondent.

Zimmer, T. (2023, 8 de diciembre). Donald Trump, American dictator. Democracy Americana.

Zimmer, T. (2024, 14 de noviembre). Why the second Trump regime will be far more dangerous. Democracy Americana.

Declaración sobre el uso de IA

Se utilizó IA como apoyo para redactar y editar este artículo de blog, incluyendo estructura, redacción y revisión de consistencia. Las decisiones de contenido, la perspectiva personal, la interpretación de las fuentes, la edición final y la responsabilidad por el texto definitivo permanecen en manos del autor.